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Siete razones para ver ‘Orange is the new black’

1. Saca del oscurantismo los centros de reinserción social, lugares escondidos y olvidados en nuestro acomodado mundo occidental. A diferencia de otras propuestas de ficción, aquí se hace con la dosis justa de dramatismo. Ahora bien, no por utilizar la fórmula de la comedia dejan de explicar (a través de flashbacks, capítulo a capítulo) las razones que han llevado a cada una de las presas a ese improbable espacio de transición.

2. Orange is the new black no pasa el test de Bechdel, lo dinamita. Las reglas de esta prueba de sexismo en ficción son que haya dos mujeres en pantalla (cuyos personajes tengan nombre), que hablen entre ellas y que la conversación no sea sobre hombres. Los pocos personajes masculinos en OITNB (básicamente los guardas de la prisión y el novio de Piper) son secundarios. Ellas mandan, para bien y para mal. Y dominan las conversaciones.

3. La historia está basada en hechos reales. Piper Kerman (en la ficción televisiva se llama Piper Chapman y le da vida Taylor Schilling) cumplió 13 meses de condena en 1998 por un delito de drogas. Escribió sus memorias en un libro (el New York Times publicó un avance) y este año han sido llevadas a la pequeña pantalla. La serie cuenta con su colaboración para el desarrollo de guiones.

4. Su marido en la ficción, Larry Bloom (interpretado por Jason Biggs) también es un trasunto de su marido real, Larry Smith. Al igual que ocurre en la serie, Smith publicó un artículo en el New York Times explicando cómo era el ‘Amor moderno’ con tu esposa entre rejas. Eso sí, en la vida real él lo hizo diez años después de que Kerman saliera a la calle y no durante su estancia en la cárcel.

5. La evolución de Piper Chapman (un poco a lo Walter White) a medida que se suceden los capítulos merece ser estudiada. Definitivamente en OITNB no hay hueco para personajes femeninos simples. Muy al contrario, es una oda a las mil facetas del llamado género débil y cómo se ayudan (o ponen la zancadilla) entre ellas para sobrevivir en un entorno hostil. El amor entre mujeres va mucho más allá de las toneladas de sexo (entre ellas, con ellos y a solas) que accidentalmente salpican la trama. Ojo con las duchas.

6. Por fin se normaliza la reasignación de género. Esta serie da un golpe mudo sobre la mesa para demostrar que hay tantos tipos de mujeres como nos podamos imaginar. El caso más interesante es el de la prisionera transexual Sophia Burset (interpretada por la actriz Laverne Cox), que se las ve y se las desea para conseguir sus hormonas durante el encierro. El episodio que hace flashback a su vida antes de prisión fue dirigido por Jodie Foster y protagonizado por el hermano gemelo de Cox (la actriz es transexual, igual que el personaje al que da vida, y en el capítulo tenía que fingir ser un hombre). Pocas veces se ha hablado de la transexualidad tan abierta y naturalmente en una serie de televisión.

7. La moda importa bien poco. A pesar de ser una propuesta coral femenina y que lleva una referencia a la moda en el propio título (el naranja es el nuevo negro hace referencia a que es el nuevo color que combina con todo), no hay hueco para un maquillaje, una falda o unos tacones. La diseñadora de vestuario tiene más horas libres que el sastre de invierno de Miley Cyrus. Y aún así, logra que vestirse con parcos monos naranja butano sea rabiosamente sexy
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Si aún no estás convencido, mira los tres primeros minutos de la serie:

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